Lucianna Ferracuti de Alfaro golfista de El Salvador

 

Luciana Ferracuti de Alfaro Es campeona de golf y antes lo fue de natación, ecuestres, tenis y squash.

Tiene la facilidad para adaptarse a cualquier deporte, todo lo ha hecho en base a sacrificio. Su padre, Don Piero Ferracuti, un veneciano de 22 años, llegó en 1933 a El Salvador, jamás imaginó que estaba por comenzar una dinastía inigualable de campeones que forjó al casarse con Fe del Carmen Rodríguez Porth.  Ambos deportistas, por lo que inculcaron a sus hijos el mismo amor por las disciplinas deportivas, logrando que recorrieran el mundo en distintas competencias, representando con mucho orgullo a El Salvador.

El caso de Luciana Ferracuti de Alfaro, flamante campeona nacional de golf, es un ejemplo. Quizá no haya participado en Juegos Olímpicos como su hermanos, los nadadores Antonio, Piero (h) y Donatella ni Panamericanos como Carmen, su otra hermana.

Pero Luciana tiene una particularidad: ha sido campeona en cinco diferentes deportes: natación, ecuestres, squash, tenis y ahora golf.“También hice otros deportes como esquí en nieve, vela, windsurf y esquí acuático”, aclara con total naturalidad.

Impulsada por la tradición familiar, a los 4 años ya había ganado su primer copa en una piscina y todo parecía indicar que su futuro estaría en ese deporte.

Sin embargo, poco después de cumplir los 12 años descubrió su verdadera pasión: los caballos. Además, al mismo tiempo daba sus primeros pasos en tenis y golf, sobre todo los fines de semana.

Seguí  en la natación por mi padre. Él me pidió que representara al país en el II Juegos Centroamericanos, en 1977, y yo cumplí.

Tenía 15 años y tuve que competir con rivales mucho mayores porque la categoría era abierta, pero logré tres medallas de bronce y una de oro”, recuerda con una sonrisa. Luego aclara: “A partir de ese día me retiré de la natación, nunca más volví a entrenarme”.

Después llegó la etapa del ecuestre, donde Luciana gano una medalla de plata en una copa internacional y a nivel local varios campeonatos”, sin embargo, su promisoria carrera tuvo un final abrupto.

A los 22 años, los médicos le dijeron que no podía seguir montando por un problema que tenía en la columna..

Cuando le dijeron que no podía seguir en ecuestres decidió continuar con el tenis, el squash y el golf, disciplinas que ya dominaba desde pequeña.

Ferviente admiradora de Chris Evert y más tarde de Steffi Graf, llegó a ser la número uno del país en 1990, año en el que además representó a El Salvador en los Centroamericanos y del Caribe y la Copa Federación.

Aunque dejó las competiciones en 1995, no pasa una sola semana sin que tome la raqueta. Nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo de Rafael Alfaro, su esposo, quien también es un amante de los deportes.

La experiencia de Luciana con el squash, entre 1984 y 1986, pleno auge del deporte, también fue muy enriquecedora y le valieron varios trofeos y medallas.

Es cuando incursiona en el  golf, un deporte que Luciana cree que muchos subestiman, sobre todo cuando lo practican las mujeres.

Entre los logros de Luciana, está el primer lugar en la prestigiosa Copa Guatemala y el oro en los Centroamericanos realizados en El Salvador.